Decenas de miles en Vitoria celebran las fiestas con mensaje de cuidado y memoria histórica
¿Sabías que más de 30 grados no impidieron que miles de vitorianos llenaran la Plaza de la Virgen Blanca para la 'Bajada del Celedón'? La celebración se convirtió en una jornada de alegría y reflexión, con un mensaje claro: cuidarnos en las fiestas es la mejor forma de disfrutarlas.
Desde las cinco de la tarde, la plaza se llenó de gente que soportó el calor para ver a Iñaki Kerejazu, que encarna a Celedón, subir a la balconada en medio de una lluvia de agua y vino. La multitud empujaba y cantaba, creando una atmósfera de fiesta que también llevó un toque de memoria y respeto por el pasado.
El acto no solo fue fiesta, también fue un momento para recordar. Kerejazu pidió a todos que cantaran por los que ya no están y honró los 50 años de la masacre del 3 de marzo de 1976, cuando la represión dejó cinco muertos y más de 150 heridos. Esta historia sigue siendo un recordatorio de la lucha por dignidad y derechos en nuestra historia reciente.
¿Qué significa esto para los ciudadanos? Que las fiestas también son un espacio para reflexionar y no solo para divertirse. La memoria y la historia nos conectan con nuestras raíces y nos enseñan que la libertad y la dignidad no deben olvidarse, incluso en momentos de celebración.
Ahora, la pregunta es: ¿qué pueden hacer los vecinos y las instituciones para que estas reflexiones tengan un impacto real? Es fundamental que las autoridades apoyen la educación y la memoria histórica, y que cada uno asuma su papel en el respeto y la convivencia. Solo así, las fiestas serán un verdadero acto de celebración y respeto a nuestro pasado.
Lo que puede pasar a partir de ahora es que estas historias y valores se integren en las fiestas de todos los años, y que la comunidad siga reivindicando su historia. Los afectados y la ciudadanía en general deben exigir que no se olviden estos hechos y que se promuevan acciones para consolidar una cultura de respeto y memoria. Solo así, las fiestas podrán ser también un acto de dignidad y conciencia social.