ETA (Euskadi Ta Askatasuna) fue una organización separatista vasca fundada en 1959 con el objetivo de conseguir la independencia del País Vasco y Navarra. Durante el régimen franquista, ETA llevó a cabo una serie de acciones armadas en defensa de la identidad vasca y en contra de la represión del gobierno central. Tras la muerte de Franco en 1975 y la llegada de la democracia en España, ETA continuó su lucha armada en busca de la independencia.
Con la llegada de la democracia, España inició un proceso de transformación política que se conoció como la transición democrática. Durante este periodo, se llevaron a cabo importantes reformas para la consolidación de un sistema democrático en el país, entre las que destacan la aprobación de la Constitución de 1978 y la celebración de elecciones democráticas en 1977.
Durante la transición democrática, ETA intensificó sus acciones terroristas con el objetivo de boicotear el proceso de democratización y presionar al gobierno central para que negociara la independencia del País Vasco. Entre 1975 y 1982, ETA llevó a cabo numerosos atentados que causaron la muerte de cientos de personas, entre ellas políticos, policías, militares y ciudadanos inocentes.
Entre los atentados más destacados de ETA durante la transición democrática se encuentran el asesinato del presidente del gobierno de Navarra, Gregorio Ordóñez, en 1983; el atentado contra la Casa Cuartel de la Guardia Civil en Zaragoza en 1987, que causó la muerte de once personas, incluidos cinco niños; y el atentado contra el centro comercial Hipercor de Barcelona en 1987, en el que murieron 21 personas y resultaron heridas más de 40.
Los atentados de ETA durante la transición democrática tuvieron un impacto devastador en la sociedad española, causando miedo, dolor y división entre la población. La presencia constante de la amenaza terrorista generó un clima de inseguridad y tensión en el país, afectando no solo a las víctimas directas de los atentados, sino también a sus familiares, amigos y a la sociedad en general.
Ante la escalada de violencia de ETA, el gobierno español adoptó medidas drásticas para combatir el terrorismo. Se fortalecieron las fuerzas de seguridad, se aprobaron leyes antiterroristas más severas y se intensificaron las operaciones policiales para desmantelar la estructura de la organización terrorista. La sociedad española, por su parte, mostró su repulsa hacia la violencia de ETA a través de manifestaciones, concentraciones y actos de solidaridad con las víctimas.
Tras más de cuatro décadas de violencia terrorista, ETA anunció en 2011 el cese definitivo de su actividad armada. En 2018, la organización terrorista anunció su disolución total, poniendo así fin a una etapa oscura de la historia de España y del País Vasco. A pesar de ello, las secuelas de la violencia siguen presentes en la sociedad vasca, con miles de víctimas directas e indirectas que aún luchan por superar el dolor y la injusticia sufrida.
Los atentados de ETA durante la transición democrática dejaron un profundo impacto en la sociedad española y en el proceso de consolidación democrática del país. La violencia terrorista de ETA generó debates sobre el uso de la violencia como medio de acción política, la memoria histórica y la reconciliación entre las diferentes partes afectadas por el conflicto.
En la actualidad, el legado de ETA sigue presente en la memoria colectiva de la sociedad vasca y española, recordando a las víctimas y reflexionando sobre las causas y consecuencias de la violencia terrorista. La superación del pasado conflictivo y la construcción de una convivencia pacífica y democrática en el País Vasco siguen siendo retos pendientes para la sociedad.